En la óptica de la doctrina de la tradición de las Españas, en la pluma de uno de sus mayores y prestigiosos pensadores don Francisco Elias de Tejada y Spinola, un pueblo es historia acumulada, historia contenida y transmitida que va más allá de la mera consideración objetiva de los factores físicos. Así, éstos son elementos secundarios, también identitarios, parafraseando a Elías de Tejada, en la medida en que hayan repercutido en la trayectoria histórica por lo que son, mas nunca como elementos válidos entre sí (1).
Al abrigo de este concepto, fácil será no obstante comprender que no casan de modo incondicional los conceptos de pueblo y nación, si por el primero entendemos la concurrencia de unos caracteres físicos exclusivamente. Porque la nación, su significado para la doctrina, implica la adscripción a una idea que poco tiene que ver con éstos.
Si pueblo es historia acumulada, nación es empresa, misión. La nación es fiel reflejo del espíritu misional de sus gentes que han labrado y desgranado historia, porque ellos son, volviendo con Elias de Tejada, historia viva. La doctrina conceptualiza el término con fundamento en toda una arraigada cosmovisión cristiana antiliberal y contrarrevolucionaria (y teocéntrica, por ende) del Hombre, como ser creado por Dios con una misión sobrenatural. Y es de este modo como éste labra historia en la Historia, porque él es metafísica que labra historia, es autor de valores y reconocedor de valores […] historia transformada en tradición (2).
La concepción tal del Hombre abarca a comprender su papel en el devenir histórico en tanto en cuanto él pertenece a una comunidad en el tiempo y en el espacio. Comunidad en el tiempo como grupo de seres humanos que en el transcurrir de la historia viven guiados por los mismos ideales, además de unidos por los lazos de sangre y credo. Comunidad en el espacio, como grupo de humanos que coinciden en un mismo momento de la historia y en una misma tierra con la tarea de sacar hacia delante la vida de todos lo más dignamente posible.
En conclusión, la nación es el espíritu de misión de una comunidad de seres humanos ligados entre sí, al margen de la personalidad histórica de los pueblos que la conformen, por la consecución de unos ideales, por el credo y la sangre.
Saludos en Cristo Rey.















