Las dos figuras parentales son muy necesarias para el buen crecimiento mental y espiritual del niño. El Hombre y la Mujer se unen en sagrado Matrimonio y procrean. Del Matrimonio se desprende la vocación unitiva y procreativa del acto conyugal. La familia, al márgen de una cosmovisión esencialmente cristiana, es un Cuerpo social que nos respalda frente a terceros. En una familia todos hemos nacido, nos han educado en unos principios y de ella hemos obtenido el calor y el amor para ser Personas, con mayúscula, y poder así adquirir una madurez idónea para que también nosotros podamos fundar una familia cuando llegue nuestro momento.
Es vital que no dudemos en la legitimidad y la función de la Familia, entendida ésta únicamente desde una ópticra tradicional. Ahora el relativismo de los valores, el individualismo, la intromisión estatal en ámbitos privados de las personas y la manipulación histórica contribuyen a la cristalización social de un sinfín de nociones del término familia. Así, nos encontramos con que las leyes estatales (por ejemplo, la Ley 13/2005, del Matrimonio entre homosexuales) reconocen y regulan el matrimonio entre personas del mismo sexo y reconocen una pluralidad conceptual del mismo término. Esto es un atentado directo a la moral, la ética y el conocimiento de la Verdad. En definitiva, es apuntar el cañón de una escopeta a la Familia, como objetivo primordial. Recuerda, amigo, cómo Marx hablaba de la familia, entendiendo ésta como órgano de autonomía. Los valores rectores del marxismo pretenden arrancar a los niños de sus familias para que sea el Estado quien les adoctrine. Es curioso a la vez que triste cómo este Gobierno está notablemente escorado hacia esos valores.















