Hoy, sexto día del mes de noviembre, SS. Benedicto XVI ha pisado tierra hispana. Lo ha hecho con la inmensísima humanidad y humildad que caracteriza al Santo Padre, además de un tamaño espíritu cristiano en su visita a la hermosa catedral de Santiago de Compostela. Tras el recibimiento de los príncipes de Asturias, el Santo Padre ha saludado a sus fieles, ha entrado a la catedral, ha acudido a la urna de plata donde se encuentran los restos mortales del apóstol Santiago y después de dedicarles unos rezos ha abrazado la sagrada imagen del mismo apóstol.
Durante hoy y mañana la visita del Papa al Reino viejo y católico de España supondrá un aliento renovador cargado de esperanza para nosotros los fieles creyentes en la Palabra. Esto no obstante, como ya es reiterada costumbre en mí respecto de los hechos acaecidos en la jornada, temo tener que hacer tres puntualizaciones graves en lo que respecta de la visita del sucesor de Pedro a nuestro país, su siempre acogedora casa.
Primero, la cuestión protocolaria. No ha sido preciso asistir al acto de bienvenida, ni estar siquiera presente en la Santa Misa para advertir la ausencia del presidente del gobierno. José Luis Rodríguez Zapatero no se ha dignado a recibir a Su Santidad en un evento tan trascendental como la venida del mismo al país que gobierna. Tomó un vuelo ayer y se personó esta madrugada en Afganistán a sabiendas de la venida del Santo Padre.
Qué quieren que les diga. Un gesto feísimo y que denota la poca educación del personaje que tenemos por presidente.
Segundo, la cuestión económica. Un argumento bastante recurrido por mentes huecas y fáciles de rellenar con basura pagana e izquierdista ha sido precisamente la cuestión del costo ocasionado por la visita de Su Santidad a nuestra nación. Si bien el condado de Barcelona no ha querido concretar la cifra, el Ayuntamiento de Santiago de Compostela ha afirmado que el coste asciende a tres millones de euros, esperando ganar más por el inmensísimo número de visitantes y turistas que esta visita papal traerá consigo.
En facebook, red social altamente conocida, un grupo de rojos ha creado una página con la cabecera “No a la visita del papa. No con mis impuestos”. Dicha página tiene por autores, rojos, pro abortistas, rameras, sodomitas y demás personajes ajenos a la Buena Fe y al Conocimiento que lleva a la Verdad.
“No con mis impuestos”, dicen. “Esos tres millones de euros pueden ser donados a África”, repiten. Vamos, que nos acordamos de África ahora, cuando conviene. Pero más que este barato argumento, más gracia me hace a mí la cuestión de los impuestos, fíjense. Ellos se quejan de los tres millones de euros que sale de las arcas públicas. Déjenme a mí que me queje de los más de ochenta millones de euros que van al Instituto de Cinematografía a través del que se financian bodrios como Torrente; déjenme que me queje de los más de doscientos millones que se destinan a espectáculos, fútbol, teatros…; dieciséis millones a los sindicatos ladrones y vandálicos; cuarenta millones a los partidos políticos desalmados y chupópteros… Y todo ello sin contar el brutal y tamaño coste público de los diecisiete parlamentos autonómicos, diecisiete ejecutivos, diecisiete administraciones regionales, cincuenta diputaciones provinciales (donde se reúnen los “amiguitos” del enchufe), diecisiete boletines oficiales, y todo ello con unos sueldos inhumanos y unas condiciones insultantes (el fuero jurídico de los parlamentarios, la pensión vitalicia de los presidentes).
El argumento de que la religión católica no es patrimonio común de todos los españoles no es válido. A mí nadie me ha preguntado si quiero diecisiete autonomías o si quiero que se subvencione con dinero público un grueso aparataje administrativo donde sobra gente por doquier.
¡Y todavía se ofenden por costear los tres millones de euros que supone la visita del Papa! Ver para creer. Con el inmenso derroche que hay en este país y vienen hablando del costo de la visita.
Tercero, la cuestión del respeto. La visita papal a tierras españolas que fueron en otros tiempos no muy lejanos el brazo armado de Roma, la “gladium Romae” defensora del Reinado de Cristo, conlleva un mensaje muy importante. Más del que se cree.
Su presencia aquí, en un país esclavo de su desorden histórico, político y moral, preso de unas leyes injustas que maniatan la voluntad de la sociedad frente a la omnipotencia estatal, es un ALIENTO DE ESPERANZA a las familias y creyentes fieles que vivimos con triste horror la masacre en masa de personitas a las que privan de su derecho más elemental, la VIDA. Es un mensaje de AMOR en mitad de un panorama político que incita al odio (la Ley de Memoria Histórica con la retirada de Estatuas del General Franco, la conspiración de derribo del Valle de los Caídos…) y sobre todo, una llamada a la RECONVERSION de quienes han perdido el Camino.
Todo esto y sus mensajes cristianos han querido ser amenazados por pequeñas manifestaciones en Cataluña de personajes irrespetuosos que proferían en sus pancartas mensajes insultantes hacia los ministros de la Santa Madre Iglesia.
Esas tres puntualizaciones han de servir como reflexión en esta coyuntura social, política y hasta económica. Espero, haya servido de algo.
Saludos en Cristo Rey.